Parejo no es mi capitán

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Parejo no es mi capitán. Me importa un bledo que tenga el toque de los Gaucho en sus venas o que pise suelo americano y se ponga a enviar misiles tierra aire a las botas del punta. Me da igual que cuatro estadísticas me cuenten que ha hecho más kilómetros o que el realizador me ponga desde siete ángulos distintos el chirlo a balón parado desde la frontal. Y me resbala que ahora Marcelino esté ensimismado con él y lo quiera de guía espiritual. Parejo no es mi capitán por una cuestión de actitud. Esa que no ha tenido los dos últimos años para echarse el equipo a la espalda hasta el punto en el que sus compañeros de vestuario le quitaron el brazalete, esa que no demostró paseándose en la pretemporada de Pako forzando su salida al Sevilla o esa que da pena cuando tira un túnel en campo propio y va trotando, por llamarlo de alguna manera, a defender la contra que él mismo ha provocado. Esa que luego justifica en rueda de prensa con un es mi manera de jugar y no la voy a cambiar. Pues pierde balones en tu casa, nene. Esto es Valencia.

Parejo no es mi capitán porque un capitán es otra cosa. Un capitán es ese tío al que mirar cuando la mierda te llega hasta la rodilla y necesitas seguir remando, ese del que hace falta medio gruñido para que corras como si no hubiera mañana hasta que tengas que desengancharte el pulmón de la muela, ese que coge la matrícula del que te acaba de reventar la tibia para que sepas quién manda en su campo, ese que te revienta la tibia para que sepas que las tibias de sus compañeros no se tocan y ese al que los cachorros miran buscando aprobación después de hacer algo bien. Que no os engañen. Ser capitán es una cuestión de aptitud y de actitud, un compendio de todo lo que sabes hacer y todo lo que estás dispuesto a hacer. Ser capitán es toda una responsabilidad que se está diluyendo como se diluyen los “one-club-men” en este fútbol moderno que nos ha tocado vivir.

Me revientan los criterios numéricos para dar el brazalete, y que Parejo sea el más veterano me da igual si luego no es capaz de decirle cuatro cosas al árbitro. Daniel, por muy bueno que sea, no puede ni debe ser nuestro capitán. Porque Daniel, con toda su aptitud, no es capaz de hacer frente a la responsabilidad de alzarse como faro de este equipo, porque Daniel, amigos míos, no aguanta media hostia. Igual que no la aguantaba Éver cuando lo alzamos “CHÉ Guevara” del tractor de Djuka.

Parejo no es mi capitán y no lo será nunca. Parejo es, única y excepcionalmente, mi mediocentro. Entiendo que no tengamos otro mediocentro, entiendo que aunque lo tuviéramos probablemente él se ganaría seguir nuestro mediocentro y entiendo que no nos podamos permitir comprar otro mediocentro que iguale sus virtudes en el mercado porque no tenemos ni para petos, pero no le deis el brazalete, no le carguéis con más responsabilidad, no le lastréis, #FreeParejo. Y ojalá me calle la boca a base de misiles tierra aire, chirlos desde la frontal y túneles en campo propio, pero creo firmemente que las oportunidades tienen un cupo y que Dani lo malgastó hace ya demasiado tiempo.


PD: No os arremolinéis con lo de la “media hostia”, sé que vivimos en la época de los “miembros y las miembras” y todos tenemos la piel muy fina para decir estas cosas, pero creo que era la forma más gráfica de explicaros que no tiene la fortaleza mental necesaria para aguantar cuando vienen mal dadas. Cuando pegas ese pase que desde prebenjamín te enseñan que no hagas pero ganas 3-0, nadie te va a señalar. Cuando haces ese mismo pase y pierdes 0-3, van a ponerte el dedo en la frente. Y, en mi modesta opinión, Parejo ya se ha bajado del barco a mitad de temporada demasiadas veces como para volver a cometer el error de darle tal responsabilidad. 

- Yeray Fita (@YerayFN)

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