Y Fabián encendió la hoguera

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En toda ignición hace falta chispa. El brillo en tus ojos. El tic antes del tac. Que el el fuego caliente la sala, que llevamos demasiado tiempo pegando tiritones en la parte baja de la tabla. Un elemento diferenciador, que rompa, que haga lo que los demás no saben hacer. Como un genio en ciernes. Como el tío que dijo que iba a poner mil kilos de acero a volar entre continentes. Como un chileno que ayer encontró espacios de los que ya colgaban telarañas. Ayer encendimos la hoguera en Mestalla y Orellana fue la mejor de nuestras llamas. El infierno volvió al templo y los leones no hicieron acto de presencia en un estadio que volvió a disfrutar de un partido como toca. 
Y se quedaron en la puerta porque ni Williams ni Aduriz ni Beñat fueron del once inicial, Laporte cayó lesionado antes del 30’ y Aritz tardó dos minutos en romperse después de sustituir a Lekue en el que era su tercer cambio para dejarlos con diez hombres. Si un tuerto les hubiera mirado a la entrada del estadio, hubieran tenido un partido más plácido. Mérito del Valencia o demérito del Athletic, la realidad es que hubo dos hombres que marcaron la diferencia para los de Voro. Enzo y Fabián. 

El argentino hizo gala de su poderío físico y desquició al Athletic en un ejercicio de intensidad y colocación digna de elogio. En una semana en la que no se ha hecho más que dudar de su implicación con declaraciones cruzadas y desmentidos varios, nuestro improvisado mediocentro se tornó en el cerrojo que Mario Suárez sigue buscando desde que llegó a Valencia. Eraso e Iturraspe fueron incapaces de encontrar las llaves de un centro del campo en el que apenas crearon juego porque todo se lo llevó otro hombre. Y aquí es donde aparece Fabián. El ex del Celta ya dejó briznas en el Villamarín de lo que podía ser su rol en Valencia, pero ayer correteó como en casa convirtiendo a la médular bilbaína en su particular gincana de juegos. Como el roedor que recorre el laberinto buscando la pipa, Orellana hizo y deshizo a su antojo, puso la rueda a la velocidad que deseaba y metía cadera para poner el balón al espacio. Si Zaza hubiera leído mejor ciertos desmarques, quizá hoy luciría más de un gol en su cuenta particular. 

Soler apareció hace apenas mes y medio para poner orden en el centro y el chileno está en Valencia para romper la jerarquía rival. Con Parejo pegando un paso atrás en su demarcación óptima, Voro ha visto en Fabián ese factor desequilibrante básico que tatúe el “tachán” en el adversario. Nuestro as de la manga o nuestra rubia debajo de esta tela en la que nadie se había parado a mirar. En la tarde de ayer, Orellana demostró que puede ser el único acierto de una dirección deportiva que lleva en ruinas demasiado tiempo. Con el juego en estático, conseguía fijar a San José llevándolo a la banda izquierda para que Nani le buscara la espalda a un De Marcos desconocido. Con el partido roto, se ganó a pulso el tridente sacándose diabluras del sombrero para dejar constantemente a los tres de arriba en contras ventajosas que no terminaron de ejecutar, pero que subían la temperatura de un Mestalla que ya empieza a buscar mechas que encender en Fallas. Y aquí Simone debe marcar la diferencia. Jugar con un delantero centro real es un gustazo. Munires y Minas aparte, el italiano sí consigue llamar la atención de los centrales y eso crea los espacios necesarios para que el mediapunta y los extremos puedan colarse por dentro. Aún es pronto para valorar a Zaza, pero que empiece a ver puerta es una noticia inmejorable para este equipo. 

El miércoles viene el plato fuerte. El Real Madrid se planta en Mestalla ante quizá el peor Valencia de los últimos años y aún así seguro que no soy el único en la sala que cree en los milagros. Al fin y al cabo, pegamos unos bocados de miedo cuando nos dan por muertos. Bienvenido a nuestro particular infierno, Zinedine.

- Yeray Fita (@YerayFN)

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