Tic Tac Soler

14:57


“Es en las peores crisis donde nuestro corazón se parte o se curte”. Conoceréis a Honoré de Balzac (novelista francés de principios del XIX, bendita wikipedia) más o menos como yo, pero el hombre plasmó de la mejor forma que se me ocurre ese momento en el que el mundo se despedaza a tus pies. Ese instante en el que todo tu mundo conocido se tambalea dejando los cimientos del desastre a la intemperie, a un solo golpe de viento de mandar al otro barrio todo nuestro plan maestro.

Tienes que elegir. O caerte con todo el equipo o reaccionar. Y reaccionar sin nervios, como un Tom Cruise cualquiera en cualquiera de los fines del mundo a los que se ha enfrentado. Buscar la madurez que en tu vida has tenido y recuperar el sentido común que tus padres dicen que tienes, aunque no haya hecho acto de presencia y siga siendo tu madre la que lo encuentra todo. Te enfrentas al calcetín de tu vida. Y fuera bromas, es en esos momentos cuando se demuestra la capacidad que tienes de cegar al mundo, o de acabar ciego de por vida.

Dicen que a los canteranos hay que meterlos en el equipo con cuentagotas, despacito y sin forzar. Justo en ese momento en que ganas de dos en casa y el rival ya no se revuelve ni cuando le tiras el caño. Atleti, Barça o Real Madrid son ejemplos de lo que os cuento, mirad a Mariano. No os voy a decir que el chaval sea malo, pero la mitad de los que leáis esto también le meteríais dos a la Cultural. A Carlos Soler le ha pasado todo lo contrario. El mediocentro entró en el once con el equipo en la planta de cuidados intensivos, intubado hasta las cejas y tirando de respiración artificial para no entrar en parada. Y contra todo pronóstico, funcionó.

Carlos hace gala en el campo de un temple impropio de su edad, moviendo el balón con la clarividencia del que lleva buscando grietas ajenas toda una vida. La zancada que exhibe en el verde no hace más que recordarme los mejores veintiunos que ha visto Mestalla, con la particularidad de que este, además, cuenta con toda la tranquilidad del mundo para frenar en seco la bola y buscar la mejor opción.

Soler, a día de hoy, es el metrónomo del Valencia. Cuando el balón toca sus pies, él decide a que ritmo juega el equipo. Y no deja de sorprenderme que a sus 20 años decida bien el 90% de las veces. Alza la cabeza y la vuelve a bajar marcando un Adagio de posesión para que diez minutos más tarde meta el Prestíssimo que permita a los tres de arriba destapar la ovación. Vestido de smoking y con la elegancia de un director de orquesta, rompe líneas con una facilidad pasmosa, haciendo lo que los supuestos titulares no han sido capaces de hacer en toda la temporada. Él solito ha conseguido convertir lo cotidiano en extraordinario, haciendo del ABC del fútbol un espectáculo delicioso por el simple hecho de convertir un montón de jugadores en un equipo.

En las crisis o te hundes, o encuentras al capitán que llevas dentro. Y aún escribiendo con toda la cautela que mi conciencia me exige, estoy convencido de que Carlos Soler es nuestro hombre. Lo tiene todo para serlo. Ciéganos, chico. Es tu momento.

- Yeray Fita (@YerayFN)

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