Al paredón en Gran Canaria

23:46


Nos dio por meter el hocico en casa ajena y nos corrieron a balazos. El Valencia tuvo la osadía de ponerse por delante en el marcador y los canarios se nos rebelaron. Partieron los barrotes de su jaula y salieron, fusil en mano, a reventar cualquier conato de la euforia que hubiera supuesto llevarse el tercer partido consecutivo al bolsillo. 

Los de Voro repetían el mismo once que consiguió neutralizar a un Villarreal en horas bajas tratando de clonar la fórmula en la medular que nos dio los tres puntos. Y aunque estos también iban de amarillo, su juego interior desprende una magia que ni Enzo ni Soler fueron capaces de descifrar. El argentino se vio desbordado desde el mismo momento en el que Mina hizo el primero para los del Turia. El gallego se tiraba en plancha para rematar el pase medido que un renacido Gayà le ponía desde su banda izquierda en la que probablemente sería la última subida del canterano en el partido. El equipo pegó un paso atrás y cedió el balón al conjunto canario. Como darle a un preso la llave del arsenal. Nos fusilaron. 
Roque Mesa repartía munición ante un centro del campo inoperante que no fue capaz de calcar la intensidad de los dos encuentros anteriores, mientras que Viera empezaba a contarnos al oído que quizá, no fue una buena idea desprendernos de él tan prontito. Dicen que Vitolo es el bueno y que Braulio no tuvo buen ojo, pero el castañazo pegado al larguero que se pega desde veinticinco metros es para enmarcarlo y ponérselo a todo aquél chaval que aspire a ser mediapunta. Gol al filo del descanso. Lo llaman psicológico porque no han visto a Munir pegarse dos faltas idiotas para autoexpulsarse del partido. Si antes les dabas las llaves del arsenal, ahora les abrías la garita del conserje para que controlaran hasta las cámaras. 

Y Lemos cogió su fusil. El uruguayo se apoyaba la Barrett en el hombro después de una falta innecesaria y destrozaba la escuadra de Alves. Sin mira térmica ni tonterías. En diez minutos te habían dado dos headshots de libro y dejabas el cadáver en el patio para que te terminaran de humillar. Quizá Mangala ya no estaba en lo que estaba y dejó un balón franco para que Boateng se uniera a la fiesta y nos metiera el séptimo gol de Las Palmas en dos partidos. Si cuando Pako dijo que nos íbamos a divertir, llevaba más razón que un santo. 

Zaza volvió a contar con unos minutos y ya ha regateado a más porteros que Rodrigo. Era fuera de juego, pero hay que reconocer que las sensaciones que da son buenas. Ganas de verlo en el once titular, más aún después de que Munir se haya pegado el tiro en el pie. Toca mirar a Mestalla y volver a convertir el templo en el fortín que era antaño. Ahora nos toca a nosotros abrir el arsenal, aunque sean los armeros los que visitan nuestro feudo. Eibar, tu turno. 

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